Religión

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Y un viejo sacerdote dijo: Háblanos de la Religión.

Y él respondió:

¿Es que he hablado de otra cosa?

¿La religión no está acaso en todos nuestros actos y todos nuestros pensamientos?.

Y no está ella también en aquello que no es ni acto ni pensamiento, sino el sentimiento de un misterio y su siempre renovada revelación en el alma, incluso cuando con nuestras manos picamos la piedra o tejemos el hilo?

Pues ¿Qué puede, en su corazón, separar la fe de los actos de sus manos o incluso, lo que usted cree de aquello en lo que usted se ocupa?

¿Quién puede desplegar sus horas y declarar: “Estas de aquí las consagro a Dios y aquellas las reservo para mí; estas las consagro a mi alma y estas otras, a mi cuerpo?

Pues las horas son las alas cuyo batir en el espacio se hace siempre entre uno y otro de nosotros.

Y aquel que usa su moralidad como una bella vestidura haría mejor si permaneciera desnudo.

El viento y el sol no desgarrarían su piel.

Y aquel que define su conducta en función de una moral pone el ruiseñor en una jaula.

Los cantos más libres no se elevan entre los muros de las prisiones o, tras de alambres de púas.

Y aquel que hace de su culto una ventana que puede abrirse tanto como cerrarse, no ha penetrado aún en la casa de su alma donde las ventanas son tan vastas que se extienden desde el alba hasta el alba.

Hagan de su vida diaria su templo y su religión.

Cuando decidan entrar ahí, háganlo sin reserva.

Lleven el arado y la fragua, el martillo y el laúd. Las cosas que han fabricado por necesidad o por gusto.

Pues en los más elevados recuerdos no pueden sobrepasar sus mejores realizaciones ni caer por debajo de sus más dolorosos fracasos.

Y lleven con ustedes a todos los hombres: Pues en el culto más ferviente, ustedes no pueden nunca, volar más alto que sus esperanzas ni, humillarse más bajo que su desesperación.

Y, si tienen el deseo de conocer a Dios, no crean encontrarlo en la resolución de enigmas.

Miren más bien alrededor de ustedes y verán que juega con vuestros hijos.

Y miren el cielo y lo verán caminar sobre las nubes, desplegando sus brazos en el rayo y descendiendo sobre ustedes en la lluvia.

Verán su sonrisa en las flores y en cada árbol, verán sus manos que se elevan y danzan.

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